Gabriel, en su recomendable blog Conversaciones con la serpiente (una de mis referencias), dedica una de sus conversaciones a hablar de por qué se odia a la persona extraña.
En el post incluye una tabla donde se clasifica a las personas en una matriz según si «nos caen bien» y si «nos parecen competentes» (por ejemplo, gente «que nos cae bien» pero no consideramos «competentes» podrían ser personas con discapacidades, personas ancianas, o incluso «los niños de Gaza», en un contexto de más compasión)
En realidad, cada vez pienso más que lo de derechas/conservadores o izquierdas/progresistas (en lo social, me refiero) tiene que ver sobre todo con en qué medida nos sale de dentro el que haya oportunidades solo para los grupos más cercanos a nosotrxs, o también las haya para el resto (en un constructo a modo de anillos concéntricos). El modelo que se propone en la tabla puede ser complementario al de anillos concéntricos según la cercanía percibida (tú mismo, tu familia cercana tradicional, tu vecindario o aldea con la gente de «toda la vida», tu región o país, …). Para la gente cuanto más a la derecha, no es lo mismo «los ancianos» que «los ancianos de su familia», ni es lo mismo los niños de su país que los niños de Gaza. Por eso en la izquierda se habla de internacionalismo e, incluso antes, algunas religiones hablaban de «fraternidad» como un valor muy potente (ya que se supone que es considerar a todo el mundo como un hermano…). En mi caso, quien me sigue, ya sabe de qué pie cojeo…


