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  1. OPCIONES, KOWALSKY

    junio 22, 2012 by sergio

    Eso pide Skypper, jefe de los Pingüinos de Madagascar a su planificador de cabecera. Porque es sano pensar alternativas y tener que decidir entre ellas pero, sobre todo, el tener la posibilidad de plantear esas alternativas y escoger entre ellas, nos hace mucho más humanos.

    Siempre me ha parecido que la diversidad es algo intrínsecamente bueno para todos los sistemas,  no sólo porque hace a esos sistemas mucho más adaptables, sostenibles y resilientes, como diversas ciencias se han encargado de demostrar (por ejemplo la ecología, que bebe mucho de la teoría de sistemas), sino también como algo éticamente deseable, que nos hace a todos más humanos (el confrontar distintas maneras de vivir, de pensar, de interactuar también tiene que ver con esa diversidad, lo que se ha tratado magistralmente en los libros de La Saga de Ender).

    Una manifestación de esa deseable diversidad en el desarrollo humano es precisamente la posibilidad de las personas y grupos humanos de escoger como quieren vivir. La ciudadanía crítica es un enfoque que promueve esto, formando personas que tengan la capacidad de idear el mayor abanico de posibilidades para escoger en cada momento la que les puede ayudar a buscar mejor su felicidad, que «pa eso» estamos aquí, ¿no? A eso es a lo que yo llamo libertad. Pero esa libertad individual debe maximizarse para toda la humanidad respetando además la tendencia a la igualdad de oportunidades. Esta maximización igualitaria la defienden enfoques como la educación para la ciudadanía global o cosmopolita. O sea que lo que se busca es que la mayor parte de las personas puedan tener esa libertad de «crear su abanico y elegir», y no que poca gente tenga muchísima libertad para hacer eso y mucha gente muy poca, porque eso no sería libertad, al fallar la dimensión global. Esa dimensión global tiene, en mi opinión, una justificación ético-moral y de justicia, basada en los derechos que toda persona tiene por el hecho de ser persona, pero también desde un punto de vista de sostenibilidad sistémica, ya que si la libertad la tienen unos pocos al final, además de injusto, el sistema sería poco sostenible…

    No se puede negar que en las últimas décadas ha habido avances en la calidad de vida de las personas (dada no sólo en términos de cubrir necesidades básicas y no tan básicas, sino también en la ampliación de opciones). Pero esos avances han sido tan desiguales que no se puede hablar de un desarrollo humano ni de verdadera libertad (tanto porque esas diferencias o «brechas de desarrollo» entre países, etnicas, sexos, etc.,  son injustas como porque en demasiadas ocasiones ni siquiera se han producido mejoras o han sido exclusivamente para alguna élite). Además de esa desigualdad estructural que niega a personas y pueblos tanto el escoger entre opciones como la posibilidad de idear las opciones para escoger, me preocupa que en los últimos tiempos en nombre de una falsa libertad, de la que se han apropiado los que se autodenominan liberales, se recorten opciones de desarrollo de las personas. Por ejemplo el desmantelamiento de los sistemas de servicios básicos públicos para la ciudadanía, que cubren derechos humanos reconocidos. En España no hace tanto (cada vez menos) se podía contar con una digna sanidad pública o asistir a dignos colegios y universidades públicas, o beber agua del grifo de tu casa sin que una empresa se estuviera lucrando. Pero si lo preferías (y tenías dinero para pagarlo) podías usar esos servicios del mundo privado (con elementos novedosos que si te gustaban estabas dispuesto a pagar a mayores), hospitales o consultas privadas, escuelas privadas o agua embotellada.

    Lo que me preocupa es que vamos camino de que solo los que tienen dinero parece que van a tener opciones de desarrollo, tanto de hacerse su abanico como de escoger, incluyendo los servicios más básicos (que deberían estar totalmente desvinculados de la capacidad de pago). Y me preocupa porque, a diferencia de esos pseudoliberales (que en realidad defienden la libertad del capital y de los que lo tienen, siendo más las personas herramientas del capital que al revés) yo no creo que el dinero sea el motor que mueve el mundo.

    Así que, permitidme pedir ¡OPCIONES, KOWALSKY!