Este cuento lo encontré en una tiendita de segunda mano de estas que venden de todo (parece que ahora con la crisis están viviendo una época dorada,en fin, no todo van a ser malas noticias).
Hace mucho lo había oído recomendar en un programa de radio, y a pesar de ser un libro para niños me lo llevé (es de Gerald Durrell, buenísimo, el próximo que consiga tiene que ser Mi Familia y Otros Animales…). Me lo ventilé en poquísimo tiempo, no sólo por ser cortito, también porque me resultó fácil de leer y entretenido, todo un canto a la resolución de problemas con la filosofía «a grandes males, grandes remedios», y todo ambientado en un pueblito de una isla griega que debe ser el equivalente mediterráneo a Cecily, de la (para mí) mítica serie Doctor en Alaska. Los orígenes ingleses del autor se reflejan en cómo los protas, del mismo país y de vacaciones en la islita, parecen ser buenos, listos y altos, pero realmente uno se queda con una agradable sensación de mezcla de culturas y formas de ser, con unos personajes con divertidas peculiaridades, y unas relaciones de vecinas típicas y muy familiares para los que aun tengan algún tipo de relación con el rural (y en Galicia aun la hay).