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Regueifa de transgénicos en la USC

9 Abril, 2016 by sergio

Ayer tuve la ocasión de acercarme un buen rato a la facultad de Ciencias de la Comunicación a la primera de las regueifas de ciencia, una buena iniciativa de la USC para debatir sobre temas candentes de ciencia con ponentes reconocidas por sus posiciones opuestas. El primero de los temas, para abrir boca, fue nada más y nada menos que los transgénicos. Para quien no pudiese estar, hicieron vídeo. Había que debatir sobre 4 preguntas:

  1. Son los transgénicos seguros para la alimentación?
  2. Son los transgénicos seguros para el medio ambiente?
  3. Son necesarios los transgénicos en agricultura?
  4. Existen alternativas para los transgénicos en agricultura?

Se ve como el tema se centró en transgénicos en agricultura, de hecho para otras temáticas nadie entró en discusión sobre que sea malo producir quinina con tecnología de transgénesis.

Hubo algún ponente que se tomó lo de regueifa al pie de la letra, tratando de “enterrar en deshonor” a las personas del bando contrario, sin centrarse en debatir con argumentos y tratar de entender las posturas de la parte contraria y argumentar, que al menos yo era lo que esperaba. Esta actitud, como al menos en mi experiencia suele ser habitual, vino del lado de los presuntos defensores a ultranza de la ciencia, quienes en algún caso se atrevieron a cuestionar el hecho de que personas de la parte contraria fueran científicos y, aun más grave, entraron en descalificaciones respecto a de donde salía el dinero que cobraba alguien de la parte contraria (esto lo hizo F.G. Olmedo, al que se veía incómodo con el formato, la vieja escuela que solo entiende de lecciones magistrales, sin que nadie le rebata, era claramente detectable en él). Mulet estaba mucho más cómodo con este formato, con un humor sarcástico y por (demasiados) momentos faltón, como en él y en sus libros es habitual (y que cuenta con bastantes seguidores, de esos que a la menor discusión sobre algo que consideran ciencia o pseudociencia te endosan eso de “magufo”). Al menos sabía argumentar, aunque aquí su vena escéptica le jugó malas pasadas, como el tener que meter la palabra “homeopatía” con calzador (tengo la teoría que es la palabra que quienes se autodenominan escépticos emplean para convertir en pseudociencia todo lo que toca, por eso no puede haber un debate de ciencia donde no la saquen a colación). Y bueno, luego está su afán por denostar la agricultura ecológica certificada, que hace que también la meta con calzador en cualquier sitio, por mucho que una de sus oponentes dijera claramente que estaba hablando de agroecología y no de agricultura ecológica (que es la que lleva certificado y no tiene nada que ver con conceptos de “canales cortos de comercialización”, desarrollo endógeno, agricultura no intensiva en insumos, pequeña agricultura familiar y otros conceptos de desarrollo que estos científicos pro-transgénicos no conocen ni tienen el menor interés en conocer; una pena que no invitaran específicamente a dos profes al menos en el público, casualmente de la USC, que hace poco sacaron un libro sobre el tema que tengo aquí delante esperando a ser leído).

Por la parte “antitransgénicos” J.L. Yela transmitía “buen rollo” hablando de elegir otras formas de vivir y demás, y creo que no se esperaba lo que se le venía encima. De hecho, acabó bastante quemado, no estoy seguro de que tuviera mucha práctica en estas regueifas con “legionarios de la ciencia”.

Blanca Ruibal, de Amigos de la Tierra, la única no científica (pero sí ingeniera agrónoma, algo sabrá de estos temas, con permiso de los otros ponentes) fue, para mí, la única que intentó dar argumentos, aunque eché de menos por su parte alguna contra-réplica a lo que Olmedo dijo de que no se obligaba a nadie a plantar trasgénicos y se podía abandonar esos cultivos cuando se deseara. Amigos de la Tierra es una ONG con experiencia en varios países del mundo (además tiene una red internacional de organizaciones Friends of the Earth), que sabe muy bien que la presunta libertad de la gente empobrecida (el propio Olmedo mencionó que la mayor parte de usuarios de transgénicos son pequeño campesinado de países empobrecidos) es un invento de quienes se aprovechan de esa situación de empobrecimiento. Además, si a alguien que se dedica a la agricultura le enseñas un maíz que produce tres mazorcotas en vez de 2 mazorquitas, y le dices que con X pesticida e Y fertilizante va a producir un montón del de las 3 mazorcotas, pero no le cuentas la dependencia del precio del petróleo (y de las semillas) que le va a generar esa nueva variedad, le estás mintiendo, y eso no es libertad. Y estás jugando con sus cosas de comer. Otro profesor de la USC y su equipo HISTAGRA podría contar muchas cosas sobre como afectó la revolución verde y el extensionismo agrario en la “modernización” agrícola de Galicia (y hoy en día quienes hacen extensionismo agrario en Galicia ¿saben quiénes son? ¡BINGO! Comerciales de biocidas, semillas y fertilizantes). Que sí, que sí, que eso no es culpa del trasngénico, que además también ocurre con otras variedades híbridas industriales (no logradas por transgénesis), pero alguien dijo en el debate que el problema era el modelo de agricultura intensiva-extractivista en y para el que habían surgido (tanto unos como otras). Y esa es la clave. La culpa no es del transgénico, es del sistema. Pero es que el transgénico está hecho para reforzar el sistema (aunque dijeran que se había hecho para poder dar de comer a una población creciente). ¿Se podría usar para promover un sistema distinto? Es posible. Con la mejora participativa de semillas se intenta (a partir de hibridaciones como las de toda la vida, pero con criterios científicos), y entidades como la Misión Biológica de Galicia-CSIC tiene proyectos en esta línea (uno de ellos, que conozco de primera mano, en Honduras). Con transgénicos es más complicado darle ese aire de alternativa al sistema predominante, al ser una tecnología más complicada para “empoderar” a la población, por ajustarse menos a los parámetros de la tecnología apropiada y tecnología para las personas, como conté aquí en su día (por mucho que haya iniciativas públicas de transgénicos; si producir alimento tiene que generar lucro, tenemos un problema, lo mismo que cualquier necesidad básica para la vida).

En resumen, si en un debate cuenta tanto el fondo como la forma, decir que en el fondo creo que quien venía con más ánimo de discutir matices y complejidades (que toda tecnología tiene, y esta más que otras) fue la parte “antitransgénicos” (aunque yo mas bien les llamaría “que se cuestionan varios aspectos de los transgénicos”, para mí con un mayor espíritu crítico que la otra parte). Este formato tampoco daba para mucho, pero creo que en la parte de salud no hubo enormes encontronazos, ya que quienes cuestionaban aspectos de los transgénicos lo hacían más en lo que tiene que ver con la parte ambiental y social (curiosamente tampoco oí hablar de tema de patentes, que incluso se ha mencionado en ocasiones por su similitud a lo que ocurre con el software libre). En la parte ambiental, hubo un abismo insalvable, entre quienes decían que los transgénicos no se hibridan, es IMPOSIBLE (imposible? en ciencia?). Ni se ponían de acuerdo en el mayor uso de insumos por unidad de alimento (aunque de esto creo que sí hay estudios, reduciéndolo todo a huella energética, la agricultura agroindustrial alguien dijo que es el convertir petróleo en alimentos; pero el petróleo se irá acabando, y qué pasará con este sistema?). La parte de sistema agrario basado en monocultivo (sistema en que los transgénicos, como ya vimos, son parte inseparable) se trató de forma un poco caótica y no estoy seguro de si llegó al público, pero también es un tema importante).

En las formas, a mí es que el estilo faltón, condescendiente y tratando de “pobre tonto” a quien no entiende los profundos argumentos que dan que emplean muy a menudo los autodenominados escépticos, no puedo con él. y del señor Olmedo no puedo decir más que hizo gala de mala educación, por muchos doctor que sea, y por muchas comisiones y agencias de la alimentación en las que haya participado. En mi opinión (no sé si hay estudios sobre si los debates de este u otro estilo sirven para cambiar opiniones), si la capacidad de argumentar es la que había ayer sobre todo por un bando, este debate no ha servido más que para poner de manifiesto la lastimosa incapacidad argumentatoria de una parte de la “clase científica” de este país.

Por mi parte, sigo pensando exactamente lo mismo de este tema que cuando entré, pero claro, es una manera más incómoda y compleja de opinar porque integra en el sistema elementos de tipo social, de derechos humanos, de relaciones de poder…. No se trata de elegir blanco o negro, porque eso se parece más a la fe que al verdadero pensamiento crítico, y también hay anti-trasngénicos que pecan de esto (gritones incapaces o sin deseo de argumentar sus “gritos de guerra”), pero me he encontrado menos (y eso que por estar ya desde hace años en Ingeniería Sin Fronteras he tenido ocasión de conocer personas científicas, legionarios de la ciencia, personas militantes críticas, activistas-oveja, activistas-gritonas, científicos críticos e incluso científicos activistas).

Una mención especial a la organización (muy bien!! incluso con el problema de no tener a Clara en persona en la sala) y también al moderador, que se las arregló para encajar un debate tan imposible en el formato previsto.

En fin, espero que en futuras regueifas se seleccione a las personas regueifadoras con un criterio de saber debatir (no simplemente de ser hiperdefensoras de un tema). Con este nivel, no me extraña que luego la gente flipe al oir al Iglesias o al Rivera. Un tema que creo que hay que tratar urgentemente es sobre filosofía de la ciencia y la tecnología, el hecho de que ciencia esté o no “contaminada” por el entorno por y para el que nace, igual que la tecnología (donde es más claro). Alguien que escribe muy bien sobre este tema lo hace en este blog, aunque bueno, si traen a Habermas ya es la releche.

ACTUALIZADO 10 de ABRIL:

No quería terminar sin mencionar otros dos elementos que no ví que saltaran a la palestra, y están indisolublemente unidos. Uno es el principio de precaución, con elementos o tecnologías cuyo impacto real no se conoce por no estar claro el período de pruebas que hay que realizar para “estar tranquilas”, pero que tendrían un efecto muy pernicioso si el riesgo se materializara. El otro es la magnitud de esos efectos que ocurrirían de materializarse alguno de los riesgos de uso de la tecnología. Si es muy grande, por mucho que las posibilidades de que se materialice sean muy pequeñas, hay que valorar mucho la posibilidad de usar otra tecnología alternativa. Un ejemplo de esto es la energía nuclear, con sus centrales en las que no suele pasar nada, pero si pasa puede ser catastrófico. Sabiendo lo que sabemos, ¿no hubiéramos apostado desde el principio por las renovables en vez de por la nuclear? ¿Quién tenía interés en apostar por esta tecnología y no por otra?¿Asegura esa alternativa tecnológica una mejor calidad de vida para toda la población del mundo, con un mínimo decente de acceso universal a los servicios básicos?¿De quién depende que esto ocurra, a quién hay que exigírselo y cómo? De toda esta parte más política de la tecnología nos ocupamos en la asociación donde trabajo, Ingeniería Sin Fronteras.

Una predicción interesante y entretenida sobre todos estos temas es esta novela de ciencia-ficción llamada La Chica Mecánica (pocos científicos hacen buena ciencia-ficción, quizás por estar demasiado condicionados por la parte “ciencia” y les falla la “ficción”, muy necesaria para simular las interacciones de las tecnologías entre ellas, con la sociedad, y la retroalimentación entre ambas que produce la evolución de todo el sistema).


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