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Gotas de friqui-freskor: de cooperación al desarrollo, Fórmula 1 y Gran Hermano.

13 agosto, 2013 by sergio

En el recomendable informe de Oxfam “Time to listening”, muchas personas implicadas en cooperación al desarrollo hablan sobre mejoras en las actuaciones de las agencias internacionales y las organizaciones sin ánimo de lucro de cooperación al desarrollo, de forma que se logre “empoderar” a las personas más vulnerables en la lucha por sus derechos básicos. Vamos, lo tan mentado “ser protagonistas de su propio desarrollo”. Pero, si entretanto siguen las prácticas comerciales injustas (por asimétricas, donde uno de los lados tiene más poder de negociación), la poca democracia de las instituciones multilaterales (donde además instituciones como FMI o BM se permiten dar “recomendaciones” que en demasiadas ocasiones son dogma de fe), así como la “AOD envenenada”, lo único que se podrá seguir haciendo es poner parches y dar tranquilizantes, como hasta ahora (y ojo, nadie dice que los parches y los tranquilizantes no sean necesarios, pero son sólo eso, parches, no hacen que el orden injusto cambie…, y en ocasiones pueden servir para perpetuarlo o incluso legitimarlo).

En el libro “Retirar la escalera”, se muestra como los países enriquecidos históricamente han practicado las políticas que ahora quieren evitar en sus excolonias y otros países emergentes, empleando para ello con una desvergüenza increíble a muchas de las instituciones multilaterales como FMI, BM, OMC y los famosos GX (G8, G20…). De esa manera, la parrilla de salida seguirá como hasta ahora, siendo estrecha, con unos pocos en primera línea y encima con los mejores coches. Esto, se pongan como se pongan los defensores de neoliberalismo y la globalización económica, es injusto porque crea sufrimiento a muchas personas (sin entrar en disquisiciones de si al final se equilibraría por si sólo dejando actuar al mercado, porque aun siendo así, no pueden negar los efectos devastadores que ha estado teniendo, tanto a nivel social como ambiental).

Por eso, creo que la famosa coherencia de políticas debería ser un objetivo de cualquier organización de desarrollo, vigilar cómo y en qué se gasta el 99,3% restante de ese 0,7% tan peleado (y tan lejano), y qué políticas desarrolla el país en que nos tocó vivir respecto a la defensa de una sociedad global justa o, por lo menos, respecto a no “ponerles la pierna encima, para que no levanten cabeza”.

GH

 


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