
Nueva viñeta de Robi Robot, el robot alienígena que flipa con lo que pasa en la Tierra
septiembre 22, 2025 by sergio
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diciembre 10, 2014 by sergio
Hoy se celebra la aprobación de la Declaración de los Derechos Humanos hace 66 años. Lo hemos celebrado con un articulillo que publica amablemente Praza Pública.
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octubre 17, 2019 by sergio
Para tener el modo de vida en el que nacimos la gente de clase media en países de la UE en el planeta ocurren cosas. Cosas que a veces no nos las planteamos porque es más sencillo vivir en la ignorancia. Es egoísmo, cobardía por algo tan humano como querer vivir bien.
Por eso tiene que haber personas y organizaciones «pepito grillo o sócrates» que a veces te agarren la cabeza y te haga mirar hacia esas cosas que no te apetece conocer, pero donde en realidad se apoya tu vida. Experimentación animal, explotación de animales con situaciones de maltrato terribles (constitutivas de delito, eso sí) y otras que, aun siendo legales, no son nada agradables de ver; también explotación a personas (muchas veces, pero no siempre, en países lejanos), invisibilización de los cuidados, deterioro ambiental galopante…
Tratar de separar el modo de vida de los procesos que hacen que se pueda vivir así es una irresponsabilidad compartida que pone la vida en el abismo y nos aboca a la desigualdad y al ecofascismo (que solo puedan quedar unos pocos que vivirán muy bien, una élite, en un planeta cada vez más inhabitable, o quizás en otro planeta…). Se pueden hacer cambios en el día a día. Se puede votar a quienes se tomen en serio estos cambios. Pero para eso hay que tragarse la pastilla roja que amplificará los sentidos para ver lo que no queremos ver. Y si no te gusta el olor…, opérate la nariz!
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septiembre 25, 2017 by sergio
Partidos para levantar muros y justificarlos con ideas de raza y violencia (otros lo hacen, pero de forma más sutil): Front Nacional, Alternative für Deutschland, Χρυσή Αυγή, Lega Nord y muchos más dentro y fuera de Europa. Sus razones: no cabemos todas y nosotras llegamos primero, así que quedaros donde estáis u os damos unhas hostias… Por supuesto, son ciegos y sordos (demonio sordera, que dice mi padre) al hecho de que desde nuestro país hayamos contribuido (y sigamos haciéndolo) a mantener regímenes no democráticos, expoliar sus recursos y condenar a la mayoría de la población a una vida que aquí nos parecería inadmisible. Os metemos en jaulas mientras os hacemos la vida imposible, y ni se os ocurra salir!
Algunas personas contribuyen a estos movimientos inconscientemente e irresponsablemente por su pasotismo respecto al mundo donde toca vivir y como impacta su tipo de vida, la de su sociedad y las políticas de su país al resto de las personas de ese mundo. Otras contribuyen conscientemente para ganar poder, pasta y porque «si no lo hago yo lo harán otros». La mayoría, lo hacemos por una mezcla de ambas, y en demasiadas ocasiones no nos enfrentamos a esos discursos del odio hasta que es demasiado tarde, ¿o cómo si no Hitler (y muchos otros) llegaron a donde llegaron e hicieron lo que hicieron? Es así de fuerte y de simple (como la mayoría de las grandes cosas de la vida), puro egoísmo, podríais decirlo sin tapujos ni adornos, mis fachuskis preferidos, así sabríamos a qué atenernos sin tener la posibilidad de mirar a otro lado.
Aprovecho para compartir una canción que escribí hace muuuuuchos años y desgraciadamente no ha pasado de moda, al contrario… (me había dado vergüenza hacerla pública, pero debe de ser cierto que con la edad se va perdiendo la vergüenza…). Imaginadla con un estilo hardcore, a lo Sociedad Alkoholika
¿Y QUIÉN ES LA ESCORIA?
Nuestra vida alegre siempre alguien la paga
y toda la escoria
¿quién crees que la guarda?
En el Sur hay rebaños humanos
malviviendo entre tus despojos
Para vivir bien les robamos
el foso se abre, el Norte echa el cerrojo
Pero tú, también tienes tú la culpa
es fácil vivir bien, pobrecitos en la tele
También es fácil cantar, pero al menos
a la luz todo sale, la basura se remueve
…. y si no te gusta el olor, ¡opérate la nariz!
El Norte es como una gran máquina
Que engulle la tierra
devuelve despojos
produce miseria.
Y después todo se arregla
Con alambradas y muros
Con Estrechos y fronteras
En pateras y desnudos.
Pero tú, también tienes tú la culpa
es fácil vivir bien, pobrecitos en la tele
También es fácil cantar, pero al menos
a la luz todo sale, la basura se remueve
… y si no te gusta el olor, apaga el televisor!
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febrero 10, 2021 by sergio
Si criticas algo es porque te importa. También la democracia. Es peor la indiferencia hacia el objeto en cuestión. A partir de esto, desde mi absoluta ignorancia en todo lo que tiene que ver con el patriotismo, sigo pensando que es más patriota pagar los impuestos sin chanchullos ni andorradas que llevar mascarillas con la bandera española. Y dejarse de Paquiros y Frascuelos.
Hay quien defiende que cada uno puede emigrar donde quiera, que se hizo toda la vida. Uno emigra para ganarse la vida. Entonces lo de las vallas y todo eso fuera! Genial! Alguien como yo que defiende eso de «sin fronteras, sin banderas» está mil por cien de acuerdo. Pero, falsos matices aparte, si alguien «emigra» a Andorra ya sabemos para qué es. Yo no lo valoro a nivel moral, simplemente digo que no me parece muy patriota, aunque luego duerma envuelto en una bandera de España y le parezca muy mal que se critique cualquier institución de nuestro bienamado país. La coherencia es algo que yo valoro mucho en la vida (en las personas, con las que tengo más tolerancia y, sobre todo, en las organizaciones de cualquier tipo).
Mi frase de arriba sobre la indiferencia sale de que creo que, en realidad, a esta gente España se la sopla y simplemente, como le va bien, pues mierda para el resto. Lo mismo aplica para quien «hace emigrar» sus ahorros a Suiza o hace (o más bien paga para que le hagan) ingeniería financiera (a veces legal y otras no tanto, como a veces se demuestra años después si hay suerte). Si es que al final las leyes dejan vacíos que sólo los más hábiles y mejor pagados pueden sortear.
Vamos, que quienes hacen esos chanchullos y andorradas para ahorrarse unas perras en impuestos de las muchas que ganan, pues no me parecen a mí nada patriotas. Aunque luego salgan a protestar muy ufanos con banderitas de España, enfadados porque en Cataluña (y en Euskadi, y en Galicia…) hay una pandilla de indeseables que quieren romper España. España se rompe por insolidaridad (entre personas y entre territorios), por el aumento de la desigualdad y porque demasiada gente no tienen cubiertos los servicios básicos y vive con miedo. No el miedo ese de las películas. Es un miedo de esos que echan raíces en el estómago, como una espada de Damocles en su vida. Encima, ese miedo de las personas luego lo usan unos pocos (no muchos, en realidad) ricachones elitistas y rancios que quieren ser aun más ricachones para volver a pobres contra pobres.
Pero claro, es que el concepto de nacionalidad varía entre quienes lo vemos como un sistema de apoyo mútuo solidario basado en cercanía geográfica (y tal vez incluso ciertos lazos históricos-culturales), o sea, poniendo en el centro los cuidados y el sostenimiento de la vida, y quienes lo ven desde un punto de vista agresivo-militarista (que incluye toda la parafernalia de banderas, himnos, carreras armamentísticas, vallas para protegernos de los zombies y demás). En resumen, aquí se enfrenta la visión de quienes creen que en el mundo se sobrevive golpeando primero y quienes creemos que se sobrevive cooperando y cuidándose. Y no, no son visiones compatibles.
ACTUALIZACIÓN 11-02-21
Hay quien opina que un país es un sentimiento, que lo de los impuestos ya es algo «prosaico» (?!). Lo de sentir los colores es un tema de fútbol, el patriotismo para mí es otra cosa que pasa por lo que une realmente a un país, y ese algo tengo claro que no es un trapo. Al final, se le puede dar al tema todas las vueltas que se quiera, pero todo se reduce a «quiero compartir ganancias y riesgos con la gente de mi país» o «quiero que mi país lo sea solo porque hay una bandera, un rey y un territorio históricamente común, pero lo mío pa mí y virgencita que me quede como estoy».
Category El sofá de la sala (pensamientos y tertulias...) | Tags: , democracia, españa, patriotismo, poesía, política | No Comments
marzo 9, 2019 by sergio
En este mundo donde cada vez más tenemos confianza ciega en no se sabe qué empresas en todos los ámbitos de nuestra vida, y nos tiramos a la piscina de la tecnología sin ser conscientes (ni querer serlo) de los impactos que tiene, eso de soberanía tecnológica suena como a friki.

Como casi todo en esta vida, estamos hablando de escalas de grises: nadie es capaz de construirse todo lo que usa en su día a día (ni siquiera el Captain Fantastic de la película), y nadie vive sin saber hacer absolutamente nada en relación a los cachivaches que le rodean (aunque solo sea configurar la tele). En realidad, en las grandes ciudades se está avanzando peligrosamente hacia ese último extremo…
Por eso, cuando hablamos de soberanía tecnológica lo hacemos en tanto en cuanto nos movemos hacia el extremo de esa escala de grises que se basa en tres pilares:
Avanzar hacia ese extremo de «soberanía tecnológica» se ha venido tornando cada vez más complicado casi desde que el ser humano es sapiens, dada la cada vez mayor especialización necesaria para comprender mínimamente los fundamentos de cualquier tecnología media (¿quién sabría cómo construir una tostadora, por no decir un ordenador o un teléfono móvil?), y también las trabas que las empresas que se dedican a elaborar los distintos elementos tecnológicos ponen a sus competidoras (empresas, o simplemente personas que quieren cacharrear). Patentes, pérdidas de garantía si se manipula el cacharro fuera de un taller reconocido, tornillos o sistemas de cierre vetados al común de los mortales, softwares privativos…, muchos son los sistemas que se emplean para dificultarnos el ver las tripas de las cosas que usamos.
También se nos ha adormecido la parte de consciencia del impacto, con un proceso de «separarnos» de la tecnología. El comprar, tirar, comprar (lo que también se llama «hiperconsumo»), trabajando la emoción compulsiva del tener más, sin pensar en qué materias se usaron para fabricar lo que compramos, cómo se extraen, se comercializan, se reparan (o no) o se procesan al acabar su vida útil, o las condiciones de las personas realizan todas esas etapas.
Y no digamos ya la parte de corresponsabilidad en el uso y gobernanza de la tecnología. Un caso muy de moda es la manera que tenemos de «regalar» nuestra identidad digital, nuestros datos en redes sociales, quedando luego expuestos a auténtica manipulación mental,
En un mundo donde deseemos más protagonismo como ciudadanía crítica, para evitar derivas autoritarias, avanzar en la escala hacia la soberanía tecnológica es un imperativo. Hay quien dice que «la gente» prefiere que le digan qué tiene que hacer; llevamos mucho tiempo recibiendo una educación que nos prepara para eso, pero creo que las personas prefieren aun ser protagonistas de su vida. El hecho de que el trabajo colectivo sí puede hacer útiles, en muchas ocasiones, liderazgos, sin embargo no deberían ser coercitivos ni nublar la voluntad de la ciudadanía de corresponsabilizarse sobre hacia donde avanzamos como sociedad. Y, en realidad, sí existen comunidades e iniciativas que pretenden avanzar hacia la soberanía tecnológica, en los tres puntos de los que hablábamos antes.
Pero igual alguien se está preguntando qué pinta el género en todo esto. ¿Por qué aparece esa palabra en el título? En realidad, el objetivo de esta reflexión es precisamente llamar la atención sobre eso tan manido de que la igualdad de género debe ser un elemento transversal a cualquier iniciativa de empoderamiento de las personas. Sobre las brechas tecnológicas de género se ha escrito mucho, sobre todo la parte de «tecnologías propias de cada género», y quizás algo menos sobre la «feminización» de algunas tecnologías (el tan criticado ejemplo de la calculadora rosa para ingenieras).
Lo que me gustaría compartir aquí es la percepción que tengo de que incluso en un proceso de emancipación o empoderamiento tecnológico, si no se trabaja muy bien el enfoque de género, se estará contribuyendo a abrir aun más las brechas de género a nivel social, desvirtuando por lo tanto ese proceso de empoderamiento. Para explicar esto me voy a centrar en el tercer pilar de los antes mencionados para la soberanía tecnológica, el de la réplica, reparación y «hazlo tú misma».
Cuando se organizan cursos o talleres, o iniciativas de más largo recorrido, que buscan un empoderamiento tecnologico con el enfoque DIY (Do It Yourself, o «hazlo tú misma»), no hay más que fijarse en las tecnologías a usar y los bienes o servicios que se quieren obtener con ellas, para darse cuenta de que la brecha sigue ahí. ¿Quién organiza y promueve los talleres de cacharreo con ordenadores viejos? ¿Quién hace lo propio con los talleres de productos de limpieza naturales, o los de costura o reparación de ropa?¿Y los de compostaje o huertas comunitarias?¿Qué me decís de los de mecánica para novatos, o electrónica fácil con arduino? ¿Y si se trata de cacharrear con impresoras en 3D, así, por amor al arte?¿Y en cambio, si se trata de buscar la mejor manera de autoconstruirse elementos que faciliten la vida a personas con movilidad reducida (os sorprenderíais de los abusos que hay tanto en precio como en calidad de muchos elementos de ortopedia), quién se mueve más?
Como digo, se trata de una impresión que tengo (aunque en mi trabajo en Ingeniería Sin Fronteras Galicia he visto muchas iniciativas de este tipo y creo que no me equivoco en esta percepción empírica que incluso, si fuera necesario, podría contrastar con datos tanto de participación y como de personas impulsoras y organizadoras). Buscando un patrón el que encuentro es que, en última instancia, si lo que se busca es un bien o servicio enfocado en los cuidados de las personas, entonces la mayoría femenina es abrumadora. Por eso hace cada vez más falta que se reflexione a nivel colectivo en las organizaciones, y también a la hora de impulsar iniciativas (grandes o pequeñas) de empoderamiento tecnológico, de que los cuidados son cosa de todxs.
¿Que piensas tú de esto?
Category Desarrollo Sostenible y Decrecimiento (un modo de vivir), El sofá de la sala (pensamientos y tertulias...) | Tags: , género, tecnología | 2 Comments
agosto 20, 2018 by sergio
El pasado mes recibí un cuestionario de la Asociación La Cuculmeca, en la que tuve la suerte de estrenarme como coooperante «profesional». Están elaborando la revisión de su planificación estratégica y preguntan la opinión sobre diversos temas a las personas con las que colaboraron (aunque sea hace 11 años!!). Hemos seguido en contacto con ella, y más con la que está cayendo en Nicaragua, así que intenté contestar lo mejor posible. Aquí dejo algunas preguntas de las que hacían que me dieron que pensar, y lo que contesté. ¿Qué os parece?
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Colaboración con cooperantes y pasantes
Dado que mi estancia fue hace ya 11 años, posiblemente haya habido bastantes cambios, pero es clave que La Cuculmeca siga promoviendo vínculos entre sociedad civil nicaragüense y del resto del mundo
Impacto del trabajo
Ha contribuido a hacer a las personas conscientes de sus derechos y de su fuerza para exigirlos, con el impacto consiguiente de movilizarse y ejercer una ciudadanía más activa. También se ha ocupado de necesidades más básicas, imprescindibles para respaldar acciones más “políticas”.
Eficacia de intervenciones
Comunicación interna de La Cuculmeca
Movilización de Recursos
Alianzas estratégicas
Promoción
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abril 9, 2016 by sergio
Ayer tuve la ocasión de acercarme un buen rato a la facultad de Ciencias de la Comunicación a la primera de las regueifas de ciencia, una buena iniciativa de la USC para debatir sobre temas candentes de ciencia con ponentes reconocidas por sus posiciones opuestas. El primero de los temas, para abrir boca, fue nada más y nada menos que los transgénicos. Para quien no pudiese estar, hicieron vídeo. Había que debatir sobre 4 preguntas:
Se ve como el tema se centró en transgénicos en agricultura, de hecho para otras temáticas nadie entró en discusión sobre que sea malo producir quinina con tecnología de transgénesis.
Hubo algún ponente que se tomó lo de regueifa al pie de la letra, tratando de «enterrar en deshonor» a las personas del bando contrario, sin centrarse en debatir con argumentos y tratar de entender las posturas de la parte contraria y argumentar, que al menos yo era lo que esperaba. Esta actitud, como al menos en mi experiencia suele ser habitual, vino del lado de los presuntos defensores a ultranza de la ciencia, quienes en algún caso se atrevieron a cuestionar el hecho de que personas de la parte contraria fueran científicos y, aun más grave, entraron en descalificaciones respecto a de donde salía el dinero que cobraba alguien de la parte contraria (esto lo hizo F.G. Olmedo, al que se veía incómodo con el formato, la vieja escuela que solo entiende de lecciones magistrales, sin que nadie le rebata, era claramente detectable en él). Mulet estaba mucho más cómodo con este formato, con un humor sarcástico y por (demasiados) momentos faltón, como en él y en sus libros es habitual (y que cuenta con bastantes seguidores, de esos que a la menor discusión sobre algo que consideran ciencia o pseudociencia te endosan eso de «magufo»). Al menos sabía argumentar, aunque aquí su vena escéptica le jugó malas pasadas, como el tener que meter la palabra «homeopatía» con calzador (tengo la teoría que es la palabra que quienes se autodenominan escépticos emplean para convertir en pseudociencia todo lo que toca, por eso no puede haber un debate de ciencia donde no la saquen a colación). Y bueno, luego está su afán por denostar la agricultura ecológica certificada, que hace que también la meta con calzador en cualquier sitio, por mucho que una de sus oponentes dijera claramente que estaba hablando de agroecología y no de agricultura ecológica (que es la que lleva certificado y no tiene nada que ver con conceptos de «canales cortos de comercialización», desarrollo endógeno, agricultura no intensiva en insumos, pequeña agricultura familiar y otros conceptos de desarrollo que estos científicos pro-transgénicos no conocen ni tienen el menor interés en conocer; una pena que no invitaran específicamente a dos profes al menos en el público, casualmente de la USC, que hace poco sacaron un libro sobre el tema que tengo aquí delante esperando a ser leído).
Por la parte «antitransgénicos» J.L. Yela transmitía «buen rollo» hablando de elegir otras formas de vivir y demás, y creo que no se esperaba lo que se le venía encima. De hecho, acabó bastante quemado, no estoy seguro de que tuviera mucha práctica en estas regueifas con «legionarios de la ciencia».
Blanca Ruibal, de Amigos de la Tierra, la única no científica (pero sí ingeniera agrónoma, algo sabrá de estos temas, con permiso de los otros ponentes) fue, para mí, la única que intentó dar argumentos, aunque eché de menos por su parte alguna contra-réplica a lo que Olmedo dijo de que no se obligaba a nadie a plantar trasgénicos y se podía abandonar esos cultivos cuando se deseara. Amigos de la Tierra es una ONG con experiencia en varios países del mundo (además tiene una red internacional de organizaciones Friends of the Earth), que sabe muy bien que la presunta libertad de la gente empobrecida (el propio Olmedo mencionó que la mayor parte de usuarios de transgénicos son pequeño campesinado de países empobrecidos) es un invento de quienes se aprovechan de esa situación de empobrecimiento. Además, si a alguien que se dedica a la agricultura le enseñas un maíz que produce tres mazorcotas en vez de 2 mazorquitas, y le dices que con X pesticida e Y fertilizante va a producir un montón del de las 3 mazorcotas, pero no le cuentas la dependencia del precio del petróleo (y de las semillas) que le va a generar esa nueva variedad, le estás mintiendo, y eso no es libertad. Y estás jugando con sus cosas de comer. Otro profesor de la USC y su equipo HISTAGRA podría contar muchas cosas sobre como afectó la revolución verde y el extensionismo agrario en la «modernización» agrícola de Galicia (y hoy en día quienes hacen extensionismo agrario en Galicia ¿saben quiénes son? ¡BINGO! Comerciales de biocidas, semillas y fertilizantes). Que sí, que sí, que eso no es culpa del trasngénico, que además también ocurre con otras variedades híbridas industriales (no logradas por transgénesis), pero alguien dijo en el debate que el problema era el modelo de agricultura intensiva-extractivista en y para el que habían surgido (tanto unos como otras). Y esa es la clave. La culpa no es del transgénico, es del sistema. Pero es que el transgénico está hecho para reforzar el sistema (aunque dijeran que se había hecho para poder dar de comer a una población creciente). ¿Se podría usar para promover un sistema distinto? Es posible. Con la mejora participativa de semillas se intenta (a partir de hibridaciones como las de toda la vida, pero con criterios científicos), y entidades como la Misión Biológica de Galicia-CSIC tiene proyectos en esta línea (uno de ellos, que conozco de primera mano, en Honduras). Con transgénicos es más complicado darle ese aire de alternativa al sistema predominante, al ser una tecnología más complicada para «empoderar» a la población, por ajustarse menos a los parámetros de la tecnología apropiada y tecnología para las personas, como conté aquí en su día (por mucho que haya iniciativas públicas de transgénicos; si producir alimento tiene que generar lucro, tenemos un problema, lo mismo que cualquier necesidad básica para la vida).
En resumen, si en un debate cuenta tanto el fondo como la forma, decir que en el fondo creo que quien venía con más ánimo de discutir matices y complejidades (que toda tecnología tiene, y esta más que otras) fue la parte «antitransgénicos» (aunque yo mas bien les llamaría «que se cuestionan varios aspectos de los transgénicos», para mí con un mayor espíritu crítico que la otra parte). Este formato tampoco daba para mucho, pero creo que en la parte de salud no hubo enormes encontronazos, ya que quienes cuestionaban aspectos de los transgénicos lo hacían más en lo que tiene que ver con la parte ambiental y social (curiosamente tampoco oí hablar de tema de patentes, que incluso se ha mencionado en ocasiones por su similitud a lo que ocurre con el software libre). En la parte ambiental, hubo un abismo insalvable, entre quienes decían que los transgénicos no se hibridan, es IMPOSIBLE (imposible? en ciencia?). Ni se ponían de acuerdo en el mayor uso de insumos por unidad de alimento (aunque de esto creo que sí hay estudios, reduciéndolo todo a huella energética, la agricultura agroindustrial alguien dijo que es el convertir petróleo en alimentos; pero el petróleo se irá acabando, y qué pasará con este sistema?). La parte de sistema agrario basado en monocultivo (sistema en que los transgénicos, como ya vimos, son parte inseparable) se trató de forma un poco caótica y no estoy seguro de si llegó al público, pero también es un tema importante).
En las formas, a mí es que el estilo faltón, condescendiente y tratando de «pobre tonto» a quien no entiende los profundos argumentos que dan que emplean muy a menudo los autodenominados escépticos, no puedo con él. y del señor Olmedo no puedo decir más que hizo gala de mala educación, por muchos doctor que sea, y por muchas comisiones y agencias de la alimentación en las que haya participado. En mi opinión (no sé si hay estudios sobre si los debates de este u otro estilo sirven para cambiar opiniones), si la capacidad de argumentar es la que había ayer sobre todo por un bando, este debate no ha servido más que para poner de manifiesto la lastimosa incapacidad argumentatoria de una parte de la «clase científica» de este país.
Por mi parte, sigo pensando exactamente lo mismo de este tema que cuando entré, pero claro, es una manera más incómoda y compleja de opinar porque integra en el sistema elementos de tipo social, de derechos humanos, de relaciones de poder…. No se trata de elegir blanco o negro, porque eso se parece más a la fe que al verdadero pensamiento crítico, y también hay anti-trasngénicos que pecan de esto (gritones incapaces o sin deseo de argumentar sus «gritos de guerra»), pero me he encontrado menos (y eso que por estar ya desde hace años en Ingeniería Sin Fronteras he tenido ocasión de conocer personas científicas, legionarios de la ciencia, personas militantes críticas, activistas-oveja, activistas-gritonas, científicos críticos e incluso científicos activistas).
Una mención especial a la organización (muy bien!! incluso con el problema de no tener a Clara en persona en la sala) y también al moderador, que se las arregló para encajar un debate tan imposible en el formato previsto.
En fin, espero que en futuras regueifas se seleccione a las personas regueifadoras con un criterio de saber debatir (no simplemente de ser hiperdefensoras de un tema). Con este nivel, no me extraña que luego la gente flipe al oir al Iglesias o al Rivera. Un tema que creo que hay que tratar urgentemente es sobre filosofía de la ciencia y la tecnología, el hecho de que ciencia esté o no «contaminada» por el entorno por y para el que nace, igual que la tecnología (donde es más claro). Alguien que escribe muy bien sobre este tema lo hace en este blog, aunque bueno, si traen a Habermas ya es la releche.
ACTUALIZADO 10 de ABRIL:
No quería terminar sin mencionar otros dos elementos que no ví que saltaran a la palestra, y están indisolublemente unidos. Uno es el principio de precaución, con elementos o tecnologías cuyo impacto real no se conoce por no estar claro el período de pruebas que hay que realizar para «estar tranquilas», pero que tendrían un efecto muy pernicioso si el riesgo se materializara. El otro es la magnitud de esos efectos que ocurrirían de materializarse alguno de los riesgos de uso de la tecnología. Si es muy grande, por mucho que las posibilidades de que se materialice sean muy pequeñas, hay que valorar mucho la posibilidad de usar otra tecnología alternativa. Un ejemplo de esto es la energía nuclear, con sus centrales en las que no suele pasar nada, pero si pasa puede ser catastrófico. Sabiendo lo que sabemos, ¿no hubiéramos apostado desde el principio por las renovables en vez de por la nuclear? ¿Quién tenía interés en apostar por esta tecnología y no por otra?¿Asegura esa alternativa tecnológica una mejor calidad de vida para toda la población del mundo, con un mínimo decente de acceso universal a los servicios básicos?¿De quién depende que esto ocurra, a quién hay que exigírselo y cómo? De toda esta parte más política de la tecnología nos ocupamos en la asociación donde trabajo, Ingeniería Sin Fronteras.
Una predicción interesante y entretenida sobre todos estos temas es esta novela de ciencia-ficción llamada La Chica Mecánica (pocos científicos hacen buena ciencia-ficción, quizás por estar demasiado condicionados por la parte «ciencia» y les falla la «ficción», muy necesaria para simular las interacciones de las tecnologías entre ellas, con la sociedad, y la retroalimentación entre ambas que produce la evolución de todo el sistema).
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noviembre 1, 2014 by sergio
Artículos/publicaciones en medios externos
Cooperación para el desarrollo y cambio social
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Política y gobernanza
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Ordenación territorial, planificación forestal y propiedad de la tierra
Communal lands in developped countries and its influence in the activity patrons of the rural municipalities. The case of montes veciñais en man común of Galicia (Spain). XI CONGRESO INTERNACIONAL DE INGENIERIA DE PROYECTOS. LUGO, 26-28 Septiembre, 2007
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Audiovisual
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Otros artículos
Cooperación para el desarrollo y cambio social
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Ordenación territorial, planificación forestal y propiedad de la tierra
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Poesía
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Relato corto
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Material didáctico y dinámicas
Ambiental
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Xogos de rol
Fanhunter
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Faladoiros
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febrero 3, 2014 by sergio
En canal solidario dejé un artículo que habla sobre neutralidad tecnológica y la necesidad de superar el concepto de «tecnologías apropiadas». Estos días lo podéis ver en la portada y si no aquí
Actualización 4 de julio: con la mala noticia del cierre de Canal Solidario, aquí transcribo el artículo
Imaginemos una actividad para la que se necesita un tipo de tecnología y como óptimo se busca que sea:
Una tecnología que cumpla estas características parece apropiada (tanto en el sentido de apropiación por quienes la vayan a usar como por ser adecuada para cubrir la necesidad para la que se va a usar). De hecho, estas son las característica más importantes de lo que se ha dado en llamar tecnologías apropiadas. Pero, desde que ese concepto se empezó a definir, a finales de los años 60 del siglo pasado, el debate sobre esta terminología ha ido generando nuevas denominaciones como el de tecnologías con rostro humano, tecnologías intermedias y otras.
Sin embargo, en cualquiera de estas denominaciones se está poniendo en el centro a la propia tecnología (el adjetivo describe a la propia tecnología) obviando en muchas ocasiones su propósito final y por tanto despojándola de su componente ético-político. Filósofos como Marcuse o Habermas han reflexionado sobre si es posible aislar totalmente la tecnología de esa componente ético-política. Ha habido y hay intereses de neutralizar a la tecnología diciendo que “no es buena ni mala”, aunque en ocasiones se matiza que “depende de como se use”. En Ingeniería Sin Fronteras tenemos la opinión de que ese uso viene definitivamente determinado por una intencionalidad profunda de la tecnología concreta a la que nos estamos refiriendo y, sobre todo, del modelo de desarrollo en y para el que se concibe. Se da por tanto una dualidad. Por ejemplo, las armas desarrolladas en el siglo XX, tomadas aisladamente, pudieran considerarse en ciertos contextos como tecnología apropiada (e incluso que tengan una finalidad concreta que no parece ir en contra del concepto de promoción del desarrollo humano global, si se trata de protección de población civil, por ejemplo). Pero en el contexto de carrera armamentística en el que se desarrollaron, la intencionalidad profunda de las armas no parece muy en la línea de lo que se suele entender por desarrollo humano, ¿no? De ahí la tendencia “anti-armamentística” de la asociación (que ha participado activamente en campañas como No a la Investigación Militar).
De estas reflexiones se ha ido (y continúa) construyendo el enfoque de tecnología para el desarrollo humano (TpDH), donde se toma a la tecnología como un medio para lograr un fin, teniendo siempre en cuenta esa intencionalidad profunda (con su consiguiente componente ético-político), pero sin perder de vista esa dualidad. El fin es el desarrollo humano, sea lo que sea, ya que es un concepto en permanente discusión. Lo que parece que va generando acuerdo es que ese concepto tiene que ver entre otras cosas con derechos humanos, igualdad de oportunidades, equidad, protección de personas y grupos vulnerables y acceso a servicios básicos y, algo quizás más importante, la soberanía individual y de cada pueblo y el derecho a la participación en la definición del desarrollo dada por el concepto de ciudadanía. Pero tampoco se pierde de vista la componente técnica más neutral, compartiendo para ello el concepto de tecnologías apropiadas.
Ingeniería Sin Fronteras entiende que, por principios éticos, la tecnología debe estar al servicio del ser humano y que, para conseguir esto, es necesario enfocar su gestión desde una perspectiva de generación de conocimiento y empoderamiento. Cuestiona, por tanto, la relevancia de las tecnologías clasificadas intrínseca y únicamente como apropiadas, así como los programas de desarrollo tecnológico que no incorporan la visión y la participación del usuario final desde su propia definición (clave para ello el enfoque de fortalecimiento de capacidades y derechos), y una finalidad de desarrollo humano. De ahí la importancia de incluir este enfoque en cualquier acción de desarrollo donde se emplee tecnología en su sentido amplio (soluciones materiales y también metodológicas) y no sólo en el ámbito de la cooperación internacional (que es donde inicialmente surgió e Ingeniería Sin Fronteras lo adoptó como su rasgo de especialización casi desde su nacimiento como federación de asociaciones hace ya más de 20 años).
¿Por qué el enfoque TpDH es clave dentro de cualquier acción de desarrollo?
Porque la tecnología es un hecho inherentemente humano, está presente en prácticamente cualquier actividad humana hoy en día. La introducción de nuevas tecnologías o el desarrollo de las existentes en una sociedad constituye uno de los medios para contribuir a su desarrollo, pero no de cualquier manera.
Porque los adelantos en el desarrollo humano y la erradicación de la pobreza logrados en el siglo XX se han basado en gran medida en adelantos tecnológicos.
Por la constatación de que, acompañando procesos de desarrollo, es posible cambiar la realidad especialmente a través de dos instrumentos, diferentes, aunque íntimamente relacionados:
En ambos casos la tecnología juega un papel importantísimo, en el primer caso de la mano de acceso a servicios básicos y empoderamiento, y en el segundo por la dimensión global del consumo tecnológico y su vinculación a los Derechos Humanos (explotación laboral en la obtención de materias primas, por ejemplo). De esta manera, la tecnología está directamente relacionada con el modelo de desarrollo imperante, por ello es necesario orientarla hacia la promoción del desarrollo humano basada en valores y principios distintos a los que el modelo actual impone (hiperconsumismo,el capital antes que las personas, competitividad a todos los niveles, individualismo, etc.).
¿Y QUÉ PUEDO HACER YO?
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