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Posts Tagged ‘RBU’

  1. Automatización e ostracismo social

    septiembre 2, 2019 by sergio

    Se fixeramos unha análise de aparición nos medios de comunicación de termos tipo «automatización», «robotización» ou similares, de seguro decatariámonos de que o incremento irresistible do seu uso, particularmente nos derradeiros 5 anos. Entre os conceptos asociados a estes termos está sempre o da perda de empregos ou, polo menos, «muda» de tipos de emprego, porque unha das cousas nas que non se poñen dacordo as expertas é de se se van perder empregos netos ou, polo contrario, vanse crear novos tipos de emprego que nin imaxinamos, e estes van ser máis dos que se perdan. Eu estou máis pola primeira opción e, en calquera caso, do que ninguén dubida é de que a transición vai ser (está sendo) traumática.

    Se o que se quere, como moitos algunhas dirixentes propoñen, é «protexer ás persoas antes que aos empregos», hai dúas medidas clave para poñer en marcha (que non son o parche de cobrar impostos por robots):

    • Promover a contratación a tempo parcial, 25 horas/semana sería o ideal. Isto se pode facer a nivel fiscal, de xeito que sexa mellor para unha empresa ter dúas persoas contratadas 5 horas que unha a 8 horas pagándolle horas extra (ou facéndolle traballar de máis, pero para iso tería que estar a inspección laboral), e tamén cunha reestructuración de todo o funcionariado, onde sería máis sinxelo empezar con este modelo. Ou, polo menos, non poñendo trabas ás persoas que desexen traballar menos horas.
    • Implantar unha renta básica universal (RBU), primeiro nos países, pero con vocación de Dereito Humano a nivel planetario. O monto e proceso de implantación sería algo a discutir, pero non o concepto nin a necesidade da súa implementación ante a avalancha automatizadora.

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  2. ¡Qué perversa decadencia!

    enero 4, 2019 by sergio

    ¡¡Qué perversa decadencia!! Así decía el robot hedonista (con permiso del robot demonio, mi personaje secundario preferido de la serie Futurama) para, a continuación, completar la expresión con algún retorcido placer robótico que su hedonismo le dictara en ese momento (desde pedir que le rociaran con chocolate caliente a que le lijaran los pezones con una lija de metales…). Pero la perversa decadencia a la que me quería referir no es la de esos “pequeños placeres personales” que no hacen daño a nadie o, en el peor de los casos, sólo a quien los disfruta. Quería referirme a una decadencia más extendida (o sistémica, que es una palabra de más nivel). Se trata de una decadencia que, a medida que los seres humanos tenemos más influencia en nuestro entorno, se vuelve más (auto)destructiva, y que muestra sus efectos en la creciente desigualdad entre las personas, la destrucción de nuestros recursos naturales, la cronificación de problemas como la pobreza o muchos conflictos armados, el surgimiento de movimientos extremistas de todo tipo o el recrudecimiento de la xenofobia. Una de esas decadencias de manual.

    Si excavamos un poco en todo este lodo de problemas se pueden adivinar varios pilares. Esos pilares descansan en el modelo de extractivismo global exacerbado, que tiene un claro sesgo de poder hacia una serie de élites (élites que son en mayor medida originarias de una serie de países, aunque no exclusivamente). Me gustaría detenerme en tres pilares que creo que reflejan especialmente bien esta decadencia y que, si se actuase sobre ellos, quizás fuera viable otro mundo con menos sufrimiento.

    PILAR 1

    Tendencia al individualismo exacerbado, en el sentido de que se promueve más y más la competividad entre personas individuales, pero también entre grupos o países en un contexto más global (ignorando las necesidades de otras personas tanto en el espacio como en el tiempo). Como si no hubiera para todas y fuera necesario un darwinismo social de algún tipo para que al menos algunos grupos sobrevivan. En realidad, para lo que no hay suficiente para todas es para mantener un nivel de vida como el de muchas élites o clases medias-altas (que ni siquiera han demostrado su eficacia, ya no digamos su eficiencia, a la hora de producir una “vida mejor” o que merezca más la pena ser vivida). Algunos de los efectos que podemos observar en el lodo más superficial más próximos a este pilar pueden ser el como se mira para otro lado ante problemas de las personas que tenemos más cercanas. Se evita incluso mirarlas, no sea que la pobreza o la mala suerte se contagien…

    PILAR 2

    Afán de homogeneización, que puede parecer incompatible con el individualismo, pero que no solo no lo contrarresta, sino que es muy complementario. A la hora de ganar dinero, para las élites globales es más fácil hacerlo (economías de escala y demás) cuanto más grandes son los mercados (y homogéneas son, ya no los gustos o pseudo-necesidades, sino la propia necesidad de consumir individualmente). A lo largo de la historia se iban produciendo de vez en cuando “oleadas de heterogeneidad” y de diversidad, a medida que surgían ideas o se conocían culturas y se contraponían. Ahora, con la globalización, cada vez se dan menos esas oleadas.

    PILAR 3

    Alejamiento de las personas de los impactos de sus acciones (que cada vez tienen mayor impacto gracias a la tecnología de extracción y el comercio global) y su dilución en problemas aparentemente más lejanos y fuera de su alcance ¿Es esto en realidad la globalización?. Algunos de los problemas que se ven en la superficie apoyados en este pilar son la pérdida de soberanía ciudadana y tecnológica. Esa soberanía ha ido sustituyéndose por unas presuntas relaciones de confianza social que, en un contexto de insostenibilidad, también generan insostenibilidad, ya que en realidad solo se sustentan en la falta de tiempo, conocimientos o simple desinterés para ocuparse de todos los problemas/asuntos/tecnologías a utilizar. Ejemplos de esto son el hecho de delegar toda nuestra soberanía digital en empresas como google, o todos los asuntos del gobierno de nuestras comunidades o países en élites políticas (a las que, eso sí, luego criticamos amargamente). Relacionado con este pilar está la inacción ante problemas globales que se retroalimentan y, como se ven lejanos o demasiado grandes, no se toman acciones individuales o colectivas para atajarlos o para presionar a los gobiernos para que se atajen sus causas profundas. Un ejemplo de este tipo de problemas es el cambio climático, con el que quizás va viéndose un poco más de sensibilización al ir viendo efectos más claros y cercanos (aunque no se acaban de tomar medidas enérgicas ya que la presión ciudadana aun no ha llegado a los estamentos políticos y aún quedan muchas personas que no acaban de ver la urgencia de cambiar prácticas muy arraigadas en su día a día en aras de paliar este problema). Otro de estos problemas son las migraciones causadas por pobreza, desigualdad o conflictos (en gran medida generados por el propio sistema que se sustenta en la desigualdad entre países, personas, grupos sociales…). Lo que ocurre en Siria o Honduras está demasiado lejos…, hasta que empiezan las oleadas de inmigrantes o atentados en países “de occidente”.

    Se trata de la sensación de que un enorme rodillo nos pasa por encima, vendiéndonos una falsa sensación de libertad, pero logrando en realidad una horrenda homogeneización social (o al menos estratificación). Esto, eso sí, es muy útil para las estrategias comerciales de las grandes compañías y para el consumismo en general, así como para la estrechez de mente de muchos gestores públicos. En ensayos como “El negocio de la contracultura” se afirma que con el capitalismo y el consumismo se busca lo contrario a la homogeneización, más bien el que cada persona “se sienta especial”. Sin duda, esto es así, pero “dentro del sistema de consumo y libertad de capital”. El ensayo es un acierto a la hora de criticar el “falso alternativismo” y como no solo no afecta al sistema sino que le abre nuevos sectores pero, como no podía ser de otro modo, no hace mella en modelos basados en la cercanía o el decrecimiento (aunque es justo reconocer que estos sistemas realmente alternativos son, en el mejor de los casos, pequeñas iniciativas bastante aisladas). El modelo dominante está muy pensado para varones, adultos, occidentales, heterosexuales, de movilidad y capacidades normativas y que quieran “hacerse a sí mismos”. Cuanto más distinto seas de esto, más posibilidades tienes de no lograr siquiera un mínimo de aseguramiento de tus Derechos como persona, lo cual se agrava cuanto más corrupto y defensor “de la libertad individual” sea el gobierno que te ha tocado aguantar. La diversidad es mala para la producción basada en economía de escala y en lo «descomunal», por lo tanto el rodillo y homogeneización es lo mejor…

    Lo que no tiene nada de placentero (sí de retorcido) es lo que tienen en común las siguientes

    HISTORIAS

    Rosa formaba parte de un grupo de investigación sobre física teórica que vio cómo su grupo era incapaz un año tras otro de lograr captar una financiación cada vez más escasa (y enfocada a temas que que generaran productos comercializables y patentables a corto plazo).

    Chus tiene 9 años y estudia en un colegio público con 25 compañeros y compañeras más.  Entra a las 9 y sale a las 17:30, con un montón de materias reguladas, comedor y extraescolares (difícil decir las que realmente le gustan, las que va medio obligado y las que le gustan pero preferiría desarrollarlas por su cuenta y no en otro medio reglado). Ah, y al llegar a casa aún quedan los deberes o alguna otra extraescolar que no entra por el AMPA.

    Juana y Manuela son pareja y quieren tener un hijo como pareja. Después de miles de trabas de todo tipo (sociales, legales, burocráticas…) lo consiguen. El hospital donde fue el parto estaba forrado de panfletos y carteles a favor de la lactancia materna. Pero nadie les indicó la mejor manera de llevarla a cabo, aunque sí les dieron un papel explicando cómo se prepara un biberón y recomendándole una marca de leche (además de meterle un biberón a la bebé al poco de nacer). Luego ya vino lo de los regalos y el tema azul y rosa, aunque afortunadamente de eso les ha sido más fácil librarse…

    Pedro es un ganadero de vacuno con una cabaña mediana, al que apenas le da lo que le paga la empresa envasadora de leche para cubrir los costes de producción y pagar la cotización mensual y que le quede una jubilación medio decente. Planta maíz para complementar la alimentación del ganado.

    Una pequeña radio comunitaria, que llevaba varios años emitiendo gracias al esfuerzo de personas que aman la radio y no se deben a ningún grupo empresarial  ni color político que le subvencione, recibe un aviso de la administración que concede los permisos de banda conminándoles a dejar las emisiones en FM. Cautelarmente tienen que suspender la emisión por este medio, resistiendo en internet. Varios años después llega una resolución de que no debían haberles prohibido cautelarmente la emisión. Pero igual es que lo comunitario no lucrativo es más independiente y molesto.

    En cierto país, como había bastante dinero oculto en paraísos fiscales, se impulsó una amnistía fiscal para sacarlo a la luz, además de contar con filtraciones de datos fiscales de personas con cuentas en esos paraísos (filtraciones que son ilegales). Son avances «a lo chafalleiro», lo mismo que el que se produzcan geniales inventos como el GPS o los satélites para predicción meteorológica solo porque inicialmente eran necesarios para tema militar.

    Ese mismo país vende armas a un país que reprime a su población, que vive en unas condiciones lastimosas mientras una élite de familias controlan los medios de producción del país, compran equipos de fútbol y son amigotes de élites de otros países (que luego les venden armas). Al fin y al cabo, si no le vende armas, llegará otro país y se las venderá, con lo que se perderán puestos de trabajo de las fábricas de armas. Y eso que se supone que la venta de armas está regulada a nivel mundial…

    María jugaba al fútbol en su colegio con otras amigas y amigos. Al llegar a cierta edad notó cierta dificultad para jugar con los niños, y como la mayoría de sus amigas dejaron de jugar y simplemente se sentaban en las gradas a mirar como jugaban sus compañeros chicos. Muchos de estos compañeros, como Manuel, jugaban en equipos de chicos torneos de fin de semana. El pasado fin de semana en el partido se produjo una pelea entre padres de los chicos de ambos equipos. Su padre tuvo que ir al hospital con un ojo morado. Manuel quiere ser como Cristiano Ronaldo.

    Pablo acaba de pagar un millón de euros en una subasta por una escultura que consistía en un retrete negro metido en un pequeño búnker esférico de hormigón de un metro de radio pintado por fuera como la Tierra, retrete que se autodestruyó con una bomba que tenía en su interior nada más que se lo adjudicaron. Mierda de mundo, se llamaba la obra.

    Lo colosal y mastodóntico mola mucho. Los puentes más largos del mundo, las presas más grandes del mundo, los rascacielos más altos del mundo, los trenes más rápidos del mundo. Tecnología para lo mastodóntico, pero no pensadas para el bien común, ni para las generaciones futuras.  Penalización del autoconsumo energético, no se promocionan soluciones técnicas y baratas para acceso al agua y saneamiento, la vivienda, etc.

    CONCLUSIÓN

    La homogeneización monetarizante es la clave de esta perversa decadencia. Todo debe tener forma de cadena de montaje porque es lo más eficiente económicamente a corto plazo, y eso cada vez nos imposibilita más para pensar de una manera que no sea a corto plazo. Pero la multitud no es masa, y la promovida competencia entre personas y países, en el espacio y en el tiempo, es también un concepto cortoplacista que conduce a un “mal vivir”. Todos los aspectos de la vida como una gran línea de producción en serie, donde se pierde diversidad, diversión y responsabilidad, y hace que nadie, y menos las instituciones públicas, quieran hablar del suicidio, con tasas cada vez mayores. Quizás sea eso a lo que alguien llamó alienación.

    Hace un mes se celebraba el Día de los Derechos Humanos. Como se trata de un concepto en permanente construcción, defiendo el “Derecho a ser distinta” (y no simplemente en lo que consumes, sino sobre todo en la manera de vivir, donde se pueda poner en el centro realmente otra cosa que no sea la producción y extracción). Esa diversidad no solo contribuirá a que las personas sean más felices sino que, posiblemente, la propia sociedad sea mejor, más dinámica, creativa y retroalimentará a la propia felicidad de las personas. ¿O no es fuente de energía la “diferencia de potencial”?
    La diversidad de “maneras de vivir” (ahora que se nos jubila Rosendo) no está para nada reñida con el asegurar unas oportunidades mínimas comunes para el desarrollo de las personas, sin importar su lugar de nacimiento o condición. Esas oportunidades comunes pasan por el acceso a servicios básicos y el aseguramiento de los derechos humanos (que, si bien pueden ser criticables, fueron y siguen siendo un avance en las condiciones de vida de muchísimas personas). Una herramienta que creo que tiene mucho potencial para complementar estas otras dos es la renta básica universal. En todos los casos sería importante avanzar en una legislación a nivel global que asegure unos mínimos (estamos aún lejos de esto, una prueba es los acuerdos de cambio climático o la ambigua Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible). Pero para desarrollar posibles soluciones tendré tiempo, espero, más adelante, si es que no me paso al bando de los robots hedonistas, que ganas me dan.


  3. ¿Y AHORA QUÉ? Y, SOBRE TODO, ¿PARA QUÉ?

    junio 18, 2018 by sergio

    Todas las personas deberían nacer con las mismas oportunidades de desarrollarse. Y eso, sin importar el lugar, ni la clase social, ni el sexo, ni la raza. No hay razones que puedan justificar esa desigualdad de oportunidades que sabemos que está a la orden del día. Las primeras razones que surgen son las del derecho natural, de lo que parece normal, de sentido común y de justicia. ¿A quién le cabe en la cabeza a que por haber nacido en una comunidad rural del municipio de El Triunfo (Honduras) vayas a tener muchas más papeletas para pasarlo mal accediendo a derechos básicos como el agua, la energía, la vivienda, la educación o la sanidad que si has nacido en un pueblo de La Cepeda (comarca de León, para quien no lo sepa)? Pero también hay otras razones, más egoístas si se quiere, que tienen que ver con la pertinencia de lograr el bienestar de todo el planeta (seguro que habría menos conflictos a nivel global si no hubiera tanta ansia de acaparar recursos y tanta desigualdad).

    La consecución de una vida digna y de la igualdad de oportunidades de desarrollo debería ser, en todo momento, el horizonte que persigan los gobiernos de todo el mundo, tanto dentro de su país como en sus planteamientos de política internacional. Las fronteras no deberían tener nada que ver con esto. Las fronteras son algo que hemos heredado, pero que no deberían ser obstáculo para buscar ese verdadero fin de vivir todas dignamente, sin poner en peligro que quienes han de venir también puedan vivir dignamente. Hemos ganado perspectiva global y consciencia de “ser humanos” a lo largo de la historia, aprovechémosla. Y sí, toda la gente del planeta podría vivir dignamente, con acceso a servicios básicos necesarios, es técnicamente posible y todavía estamos a tiempo. Estoy en un momento de mi vida, en realidad ya hace tiempo que estoy en ese momento, en que todas las políticas públicas que no tengan que ver con este fin me parecen una pérdida de tiempo y de dinero. Estoy convencido de que hay personas que no creen en esto de la igualdad de oportunidades, porque no podemos vivir todas las personas del mundo con semejante explotación al planeta, y tienen una postura más egoísta (realista, dirán muchas de ellas, siempre y cuando ese realismo pase por que sean ellas las que están viviendo mejor a costa de otras, y no quieran renunciar a esos privilegios). Y también sé que hay visiones políticas que representan a estas personas y perpetúan ese orden injusto. Me refiero a las que hablan de “los de aquí”, de “limpiar”, de “regularizar la entrada de inmigrantes”, de “hacerse a uno mismo”, de America First, de mejorar la competitividad de nuestro país, de “atraer inversiones” o cualquier otra frasecita de estas que me recuerdan al “solo puede quedar uno”.

    Todo lo que sean políticas para buscar el aseguramiento ese mínimo en el acceso a servicios básicos e ingresos para todas las personas (en todo el mundo), bienvenidas sean. Seguro que se nos pueden ocurrir muchas: buscar una sanidad gratuita, pública y universal, educación gratuita (pero de verdad) pública y universal, cooperación para el desarrollo y diplomacia de derechos humanos (para expandir esa lucha por la igualdad de oportunidades a todo el mundo y vigilar y controlar a quienes no tienen interés en expandir esta lucha y más bien la obvian), prestaciones sociales como pensiones de distintos tipos que aseguren unos ingresos mínimos a todo el mundo, etc. Pero sobre ingresos mínimos, dada la coyuntura a que nos estamos enfrentando desde un punto de vista tecnológico, conviene pararse más.

    Recuerdo que, cuando era un niño, pensaba en inventar robots para que mi madre no tuviera que estar todo el día trabajando en las labores domésticas (y que pasara más tiempo jugando conmigo, que es lo que en realidad quieren niños y niñas). A mi padre ya lo daba por perdido, con tanto tiempo como pasaba fuera de casa haciendo cosas que yo no conocía, no sabía cómo liberarlo de trabajo. La tecnología que ahorre trabajos será buena siempre que no deje a nadie en la cuneta (lo explica muy bien Jeremy Rifkin en El Fin del Trabajo, con ejemplos como la comunidad afroamericana en EEUU en los siglos XIX y XX). La renta básica universal es una solución que ya hace tiempo que me interesa. Cada vez veo más útil, viable, incluso últimamente casi imprescindible si queremos ir en la línea que he venido comentando de asegurar una vida e ingresos dignos. Aquí hay un trabajo breve y claro, absolutamente recomendable, sobre este tema. En paralelo, sería necesario promover una drástica reducción de las horas de trabajo productivo (que no de cuidados) por persona. Si alguien quiere trabajar 10 horas al día para ganar más, vale, pero habría que promover que a las empresas les saliera más barato dos personas trabajando 5 horas que una trabajando 10 (y, por supuesto, que una contratada como si trabajara 5 pero en realidad trabajando 10, que es lo que pasa en demasiadas ocasiones). La cuestión es que, quien quiera hacer mucho trabajo productivo, lo haga si quiere, pero que quién no pueda o quiera no se vea obligado a quedar fuera del acceso a ese mínimo digno que comentábamos al principio. Y eso no se está cumpliendo, ni dentro de España, ni mucho menos comparándonos con otros países. Sin duda, en las últimas décadas se ha mejorado la vida en lo que tiene que ver con la base de la Pirámide de Maslow, pero estamos llegando a, al menos, dos hechos claves que ya he esbozado, que no permiten entender el desarrollo igual que en el resto de la historia de la humanidad. Uno, la capacidad de acogida del planeta. Otro, la capacidad de cambiar el mundo dado por la tecnología (y los peligros cada vez mayores de quienes controlen esta tecnología y quienes no lo hagan).

    Así que, lo que yo le preguntaría a Pedro Sánchez y su equipo, y a cualquier persona que esté en política, no es sólo qué van a hacer ahora, sino “para qué” lo van a hacer. ¿Cuál es ese mundo ideal que visualizan, para llegar al cual toman decisiones ahora? Mejor aun, que lo dibujen. Con esos dibujos, ya sabría a quién votar. ¿Os imagináis un programa político dibujado? Seguro que cuanto más cercanía a la niñez de las candidatas, más oportunidades de ganar las elecciones tendrían, con los dibujos geniales de su mundo ideal que nos propondrían como programa electoral. Por eso niños y niñas deberían poder votar, pero eso ya quedará para otro día…


  4. La renta básica se mueve

    febrero 8, 2014 by sergio

    Parece que hay ideas de presentar en algún ayuntamiento de Galicia la propuesta de que desde el pleno se dé apoyo a la iniciativa legislativa popular sobre renta básica que está en marcha. En la justificación de este apoyo (en línea con una corriente bastante mayoritaria entre quienes defienden la renta básica), se defiende que se pague un monto al mes de más o menos el umbral de la pobreza, que en España se calcula como el 60% de la mediana nacional de los ingresos por unidad de consumo (y sale unos 650 euros al mes). Este sistema de cálculo no me parece adecuado, me gustan más los que calculan la canasta básica media estatal (que también hay muchas formas de calcularla, pero creo que salen resultados más ajustados (y menor cuantía, creo que 650 euros como renta básica es excesivo).


  5. Renta básica y libertad personal

    noviembre 4, 2013 by sergio

    La renta básica sigue pareciéndome un sistema atractivo, pero es un concepto todavía en permanente construcción y creo que cada persona que la defiende la entiende con unos matices distintos. Uno de ellos es la parte “comunitaria” de la renta básica que proponen en este artículo en Altermundo (que en vez de entregarse en mano iría a un fondo donde colectivamente se decidiera su uso). Yo creo que tiene que ser solamente una renta personal y que cada uno la gaste como quiera (si quiere hacer cooperativas o grupos de trabajo, o asociaciones, que las haga). Para la “solidaridad obligatoria” ya seguiría estando el estado (los impuestos se seguirían cobrando y deberían seguir sirviendo para asegurar el acceso a servicios básicos, de hecho de esos impuestos a la producción de empresas y personas se podría articular la renta básica, ojalá que en especial de empresas de economía social y PYMES, pero eso es otra historia).

    La libertad y derecho a elegir es una de las virtudes más “humanas” que conozco. Esto es algo que teóricamente defienden (y de lo que se quieren apropiar) los que se hacen llamar liberales. La diferencia más grande con ellos que tengo es el hecho de que creo que para que haya una libertad real hay que partir de una igualdad de oportunidades que no existe (y que por las dinámicas del mundo mundial tiende a diluirse, transformarse, concentrarse en determinados lugares, entidades o grupos sociales, con el consiguiente grado de sufrimiento para las personas más vulnerables que quedan fuera de esos “islotes de bienestar”). Por eso creo que el Estado “solidario” debe ser el mecanismo corrector para asegurar, si no ya una igualdad completa, sí un acceso mínimo a los servicios básicos y derechos humanos consensuados para una vida digna. Y eso el mercado no está en condiciones de darlo, por lo menos sin dejar fuera a muchas personas que, incluso aunque no generado “a sabiendas” (que a veces sí), sí es un efecto de darwinismo social que genera, por mucho que los liberales nieguen su darwinismo social como en la historieta de Carlos Rodríguez Braun en la revista Actualidad Económica número 2737.

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