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YA-ESTÁN-A-QUÍ

20 junio, 2018 by sergio

Se ha vuelto a poner de moda este vídeo, donde se explica el problema migratorio en EEUU, pero en vez de con peces mutantes, con bolas de chicle. Pero viéndolo, se me ocurre que, en realidad, la política de inmigración nunca se plantea en términos de resolución de la pobreza en el mundo. Nunca he oído a nadie plantearla en esos términos. Ni siquiera se ha planteado como ayuda humanitaria para las personas concretas que migran, más allá de lo que está pasando ahora con el Aquarius, que se ha convertido en un símbolo, por lo que no es representativo. Si EEUU o Europa dejan pasar inmigrantes, es porque les conviene a sus economías, y endurecen o aligeran las políticas de fronteras según necesiten más o menos mano de obra (y según la pasta que los que mandan quieran que ganen sus amigxs de las empresas que se forran con material de vigilancia/protección de fronteras, poniéndonos a pensar mal, cosa que a mí me encanta). Esta explicación del vídeo es muy impactante, pero muy peligrosa, porque despersonaliza a lxs migrantes (convirtiéndolas en bolas de chicle de a millón), lo cual podría estar justificado en un contexto didáctico, pero deja de ser didáctico al poner todo el énfasis de la migración como problema y sólo mencionando ambiguamente al final, como solución, el desarrollo en sus países de origen, que es el quid de la cuestión (y a lo que yo me dedico). En realidad, la organización que patrocina el vídeo se dedica por entero a contar lo malo es que vayan tantos migrantes a EEUU, pero nadita a estudiar como buscar un desarrollo a nivel global que no deje a nadie en la cuneta. Casi nadie quiere migrar, y nadie quiere en las condiciones en que lo están haciendo la gran mayoría de las personas migrantes. Pero estamos destrozándoles sus modos de vida y hábitats con nuestros hábitos de consumo, con “nuestras empresas” que en realidad generan dinero para sus 4 dueñxs a costa de las materias primas de su entorno y de su “fuerza laboral”, generando inestabilidad por el afán de acaparamiento de recursos y la geopolítica asociada, y encima venimos con el discurso fácil de “no hay sitio para todos, hay que ayudarles allí”. Pero el no dejarles pasar nuestra frontera lo hacemos primero, que es más fácil y tenemos claro cómo hacerlo; lo de promover el desarrollo en sus países de procedencia ya si eso lo dejamos para otro día, que igual tenemos que hacernos mirar algunas cosillas, y eso es más incómodo. Probablemente, estos filofascistas de discurso facilón serían los primeros en poner el grito en el cielo si se pudieran en marcha medidas para “ayudarles allá”.


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